Triste, solitario y desanimado.

Triste, solitario y desanimado quedó Neptuno lamentándose amargamentede la crueldad de su suerte cuando un delfín que había sido testigo de su pena acudió a ofrecerle su intervención y sus servicios, y al efecto se presentó a la ninfa rebelde,  le ponderó las riquezas del monarca como también lo dilatado de su imperio, los homenajes de que sería objeto y los palacios que le servirían de morada; la elocuencia del delfín triunfó por completo y cúpole la gloria de poder llevar a la nifa Anfítrite ante su esposo.

Pero el poder de Neptuno no se limitaba solamente a los mares, lagos, ríos y fuentes, extendíase también a las islas, penínsulas, montañas y aun a los continentes, a los que ponía en conmoción según le placía. Las sacudidas violentas y los temblores de tierra eran obra suya. Se atribuye a Neptuno la creación del caballo, que es uno de los más bellos presentes que los dioses hayan podido hacer a los mortales; al crearlo enseñó también el arte de domarlo. Amansó el fogoso cuadrúpedo y lo hizo sumiso a la mano y a la voz del hombre…

Fragmento NEPTUNO. Mitología griega y romana. J. Humbert.

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